| courses: .fr.tw.cn.ru |
Esta noche, soñé que le decía todo lo que llevo meses guardando, sin dejarlo salir, por miedo a provocar algo que no sé si quiero provocar.
No es la primera vez que sueño que le dejo. Tampoco he visto en mis sueños la resolución a mis palabras vomitadas; tan sólo he visto cómo yo se las decía.
Quizá estoy esperando demasiado a contarle cómo me siento, a decirle que no estoy dispuesta a esperarle más, que estoy cansada de sentirme como si le estuviera persiguiendo para que estuviera conmigo. Y es que no estoy pensando en mí, en cómo me siento yo; estoy pensando en que ahora no es un buen momento para sobrecargarle con más agobios.
Fue durante un viaje de fin de curso. De repente, me vi tonteando con ella, como lo había hecho otras tantas veces con algunos chicos. Me asusté. Algo raro me estaba ocurriendo. A mí siempre me habían gustado los chicos...
No ocurrió nada, ni durante ese viaje ni después. Ahora, cada una tenemos nuestra vida y apenas hablamos. Pero me dio mucha pena terminar el viaje. Extrañamente, la echaba de menos, echaba de menos el estar pegada a ella las 24 horas del día.
¿Significa eso que soy bisexual? Odio etiquetarme. No me gustan esas etiquetas. No me gusta el o se es blanco o se es negro. En la vida, hay una amplia gama de grises.
Después de bastante tiempo sin muchas ganas de salir, hoy, por fin, conduciré mi calabaza hasta más allá de las doce de la noche. Hoy he quedado con dos amigas. Hoy es la noche de las chicas. Unas cañas, unos vinos, unas tapas y lo que se tercie. Yo miraré los escaparates, sin comprar nada. Mis dos amigas tienen tarjeta de crédito, así que son libres de comprar lo que les apetezca, porque a nadie le amarga un dulce.
De todas formas, tengo que reconocer que me hace gracia el juego del tonteo. Muchas veces miro con cierta nostalgia los rituales de cortejo y suspiro recordando tiempos lejanos... pero al momento se me pasa. La verdad es que la estabilidad que tengo ahora mismo no la cambiaría por casi nada. Soy fiel por naturaleza, qué le vamos a hacer.
Me hacía falta tener un fin de semana como el que hemos tenido. Me hacía falta verte despertar, sentir tu respiración en mitad de la noche, reírme contigo, pasear sin prisas, recordar cómo sabe y huele tu piel. Me hacían falta tus besos. Me hacías falta tú. Me hacían falta todas esas cosas para recordar por qué estoy enamorada de ti y tenemos un proyecto de vida en común.
Es curioso como cuando una no termina de andar bien la libido se baja hasta el suelo. ¡No hay ganas! No hay ganas ni de amor en pareja ni de amor en solitario. Ahí está ella, abajo, por los suelos. Mi mente y ella no terminan de coincidir y, ante eso, yo no tengo nada que hacer.
Al principio, me preocupaba. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo o si hay personas que, por el hecho de no terminar de estar bien, utilizan el sexo como una válvula de escape para resurgir de sus cenizas cual Ave Fénix y, de paso, liberarse y divertirse.
Después de varias temporadas inapetente, ahora sé que, igual que las ganas se han ido, volverán. Es lo que tenemos los ciclotímicos, que nos movemos por etapas y terminamos aprendiendo que nuestra vida es una rueda.